Hemos disfrutado estos nueve meses y, ahora que se acerca el momento del parto, el miedo y la inseguridad nos hacen dudar. Muchas nos preguntamos: ¿qué es mejor; parto o cesárea?.
La Organización Mundial de la Salud recomienda una tasa de parto por cesárea entorno al 10-15%. Pero si analizamos los datos; en España casi un 25% de las mujeres dan a luz mediante cesárea. En el mundo desarrollado las tasas más altas están en países como México, Brasil y Turquía, donde se supera el 50%, mientras los países con una asistencia médica deficiente las tasas rondan el 1%.

Pero, en contra de lo que muchas personas piensan, el parto mediante cesárea no es más seguro que el parto vaginal, ni para la madre ni para el feto. O al menos no siempre.
Qué duda cabe, la cesárea es una intervención quirúrgica, y como tal conlleva unos riesgos que el parto no tiene. Obviamente las cesáreas son seguras, las técnicas, la anestesia y los medios de que se dispone la hacen muy segura. Pero, en igualdad de condiciones, siempre deberemos optar por el parto vaginal.
El problema viene cuando la cesárea nos asalta en medio de un trabajo de parto, de forma súbita, urgente. La sorpresa, la prisa, y en ocasiones la urgencia hacen que los factores de riesgo se multipliquen en vez de sumarse.
Hemorragias, infecciones, lesiones de los órganos vecinos, complicaciones de la cicatriz son las complicaciones más comunes a corto plazo.
Además debemos preocuparnos de las consecuencias a medio y largo plazo. El tener una cicatriz en el útero condicionará nuestra vida reproductiva en el futuro.
Las pacientes con cesáreas previas deben esperar un tiempo antes de intentar otro embarazo, y tienen una tasa de infertilidad más alta que aquellas que dieron a luz por vía vaginal. Además habrá más riesgo de implantaciones anómalas de la placenta, y, lo que es más importante, la presencia de la cicatriz uterina condiciona mucho las posibilidades de un parto vaginal posterior.
Por otro lado, y no menos importante, está el factor emocional. Un parto mediante cesárea ocurre en el frío entorno de un quirófano, la madre está rodeada de muchas personas, pero casi nunca de su pareja, y, como es trasladada a una sala de recuperación postquirúrgica, es raro que pueda abrazar o tocar a su hijo recién nacido hasta asadas unas horas.
Recordemos sin embargo que la cesárea, cuando es elegida por la pareja, o está médicamente indicada no tiene muchas de estas connotaciones.
Es la alternativa más razonable y segura en algunos casos; el parto en podálica, la placenta previa o el HIV son buenos ejemplos de ello. En muchos de estos casos la gestante y su pareja están concienciados de la idoneidad de la vía del parto y aceptan los riesgos en pos de los beneficios.
Por tanto ningún ginecólogo actualmente debe aconsejar a una pareja el parto por cesárea cuando la vía vaginal es posible y está dentro de los límites de la seguridad de los verdaderos protagonistas del parto: la madre y el nasciturus.